"Hay una especie de equivocación inefable al principio de los principios."
La calle no parece la misma cuando tienes que ir deprisa a alguna parte que cuando llegas a casa. Tampoco es igual cuando la recorres de arriba abajo que cuando lo haces de abajo arriba, por una acera o por otra. No es igual hoy que ayer, y tampoco es la misma por la mañana y por la noche. Supongo que ninguna cosa es igual a otra y que tampoco nada es igual a como era.
Supongo - también - que en cinco minutos llamarán a la puerta y que merendaremos como siempre hemos hecho, que el café sabrá igual o parecido, que las manos diminutas seguirán muy pequeñas y que en la entrada habrá un espejo y una alfombra.
Y sin embargo, de lo que pasará mañana a la hora de la merienda, no supongo nada. Cuando viajas no sólo cambias de lugar, no es sólo el espacio físico que ocupas lo que cambia, ni sólo las calles, la luz, el idioma o el cielo.
Nos gusta crecer, y nos da miedo. Nos impulsa y nos frena. Nos daña y nos sana. Nos mima y nos educa. Nos enseña a olvidar. Nos obliga a aprender.
Hoy me ha dicho Fernando que ya llamamos vértigo a querer llorar cuando, en realidad, es una sensación ilusoria de movimiento. Pero yo creo que es más lo primero que lo segundo, y también un montón de fotos, una taza, muchísimos vestidos, los libros importantes, un kit de supervivencia, un elefante pequeñito, dos dibujos, un mini zine, y un mono de peluche en la maleta.
En fin, que espero saber irme.
Ruiz. B.
viernes, 12 de septiembre de 2014
viernes, 28 de marzo de 2014
Se puede besar haciendo hueco. Un beso como un cuenco con
las manos. Como todas las cosas que se escurren. Hay besos que aparecen. Como
salir de un escondite. Como todas las cosas nuevas. Se puede besar suave. Como
la piel de un hombro. De repente. También se puede besar lejos. Un beso
parecido a un aeropuerto, o a un tren. Hay besos como fruta, de colores. Y
besos como sábanas, hilo a hilo. Se puede besar como una falda, con vuelo. O como
un pájaro, con alas. Un beso como un río, con orillas. Un beso como Marzo un jueves por la noche. Como ventanas blancas. Hay besos que parecen manos en la cintura. Y besos que hacen ruido. También los hay que no llegan a darse, fríos, como una vacante. Un beso que no es suficiente. Y luego están los besos
que se abren, como ojos, sobre
todos los mares de saliva. Sobre todas las bocas. Sobre todos los peces
amarillos.
Ruiz. B.
lunes, 10 de marzo de 2014
Un cor verd i blau a parts iguals.
Hay tardes ovaladas. Se presentan ingrávidas de luz. Llegan como se van algunas cosas. Se conmueven de azul y manos breves. Tienen, a veces, la gravedad de un grito en medio de una iglesia, "ahora es el momento, de repente, alguien grita, y hay un muerto".
Hay tardes con la forma de un tarro de cristal, con jardines que tiemblan por la frente, miradores del peso de una flor que aún no existe. Germinando entre rocas, calles quietas, sombras de par en par, algunos bancos.
Hay personas que nunca tienen prisa. La ternura del cielo desplomado se abisma en las cinturas. Los hombros, como blancos estigmas de las guerras, acarician encuentros de saliva.
Hay miradas que quiebran estructuras.
Hay bocas donde el vuelo es la máxima rebelión de las horas. Existen de verdad. Yo las he visto.
Ruiz. B.
Hay tardes con la forma de un tarro de cristal, con jardines que tiemblan por la frente, miradores del peso de una flor que aún no existe. Germinando entre rocas, calles quietas, sombras de par en par, algunos bancos.
Hay personas que nunca tienen prisa. La ternura del cielo desplomado se abisma en las cinturas. Los hombros, como blancos estigmas de las guerras, acarician encuentros de saliva.
Hay miradas que quiebran estructuras.
Hay bocas donde el vuelo es la máxima rebelión de las horas. Existen de verdad. Yo las he visto.
Ruiz. B.
sábado, 7 de diciembre de 2013
Era deseo, pero era como un río. Fluía fuerte y oscuro enturbiando el paisaje de las calles. Grandes lenguas - el mundo - se alzaban hacia el cielo de las ambigüedades. Los tajos de la ausencia de carmín, de los labios cortados. Y nada les parece nunca suficiente a los que bogan colgados de sus cuerdas, y gimen.
La inspiración jamás ha sido sabia, ni oportuna. Y una mano no es jamás una mano, si acaso menos, a veces sólo carne desgarrada. Nunca de más. Y nunca sólo eso.
Todas las opiniones reservadas.
Nada que hablar.
De qué, si todas las barreras se apresuran a alzarse sobre los siglos, pariendo a cada paso cada vez. Y las notas, y el color de los tactos, no los recuerda nadie. Ya no es sólo el olvido el que rezuma, la distorsión empieza en tus pestañas de antes.
No vengas, no te llaman - ni aquí, ni allí.
Te espero.
Ruiz. B.
La inspiración jamás ha sido sabia, ni oportuna. Y una mano no es jamás una mano, si acaso menos, a veces sólo carne desgarrada. Nunca de más. Y nunca sólo eso.
Todas las opiniones reservadas.
Nada que hablar.
De qué, si todas las barreras se apresuran a alzarse sobre los siglos, pariendo a cada paso cada vez. Y las notas, y el color de los tactos, no los recuerda nadie. Ya no es sólo el olvido el que rezuma, la distorsión empieza en tus pestañas de antes.
No vengas, no te llaman - ni aquí, ni allí.
Te espero.
Ruiz. B.
sábado, 23 de noviembre de 2013
Cambiar el "tú".
Al principio siempre parece imposible. Después tal vez podría, ay, parece factible, pero claro, no sé. Y por último, siempre es necesario.
Cuando decimos "tú" a la nada, hay que cambiarlo. "Tú" y se va por el aire, se va a no llegar nunca a ningún sitio firme. "Tú" y se nos hace eco cuando flota, invadiendo de nadie la ya de por sí nada.
Si se dice "tú" a solas, hay que cambiarlo.
Si se dice "tú" en frío, con la boca pequeña y agarrando el vacío, hay que cambiarlo.
Cuando se dice "tú", hay que decirlo con los ojos llenos de las cosas inmensas, esas cosas que sí son importantes porque puedes tocarlas, por las que están aquí. Con el brillo naranja o azul de algunas manos, con alegría y miel, el ombligo desnudo y el mundo muy arriba, donde no pueda vernos.
Cuando se dice "tú" hay que decirlo bien, despacio, trazo a trazo y en presente.
Y si se dice contra las paredes, con ruido de cristales y jirones suaves, mejor que no se diga. Porque se desperdicia todo el rato: el "tú" de las ausencias ya no importa. Ya no, cuesta aprender, pero es lo cierto que ningún hueco ha hablado nunca solo. "Las cosas que se van no vuelven nunca, todo el mundo lo sabe".
Cambiar por yo, por té, por tarta o por paseo. Da igual, pero cambiarlo.
"Tú" para nada ya, y mejor así.
Ruiz. B.
Cuando decimos "tú" a la nada, hay que cambiarlo. "Tú" y se va por el aire, se va a no llegar nunca a ningún sitio firme. "Tú" y se nos hace eco cuando flota, invadiendo de nadie la ya de por sí nada.
Si se dice "tú" a solas, hay que cambiarlo.
Si se dice "tú" en frío, con la boca pequeña y agarrando el vacío, hay que cambiarlo.
Cuando se dice "tú", hay que decirlo con los ojos llenos de las cosas inmensas, esas cosas que sí son importantes porque puedes tocarlas, por las que están aquí. Con el brillo naranja o azul de algunas manos, con alegría y miel, el ombligo desnudo y el mundo muy arriba, donde no pueda vernos.
Cuando se dice "tú" hay que decirlo bien, despacio, trazo a trazo y en presente.
Y si se dice contra las paredes, con ruido de cristales y jirones suaves, mejor que no se diga. Porque se desperdicia todo el rato: el "tú" de las ausencias ya no importa. Ya no, cuesta aprender, pero es lo cierto que ningún hueco ha hablado nunca solo. "Las cosas que se van no vuelven nunca, todo el mundo lo sabe".
Cambiar por yo, por té, por tarta o por paseo. Da igual, pero cambiarlo.
"Tú" para nada ya, y mejor así.
Ruiz. B.
viernes, 22 de noviembre de 2013
"Viajar no sólo es ausentarse, es dejar prueba de dicha ausencia, del cambio que sufre aquél que se mueve de lugar."
No sabía cómo empezar y empezó por decir algunas cosas. Esperamos sentir hacia algún sitio, una especie de falda de colores parecida a una tarta de manzana nos inspira emociones. ¡Y era tan complicado despertarlas detrás de la persiana de años!
No nos imaginábamos la historia, por una vez.
¿Qué pasa? Sin saber hacia dónde, cuándo como y por qué no me estoy dando prisa.
Era una especie de desazón sin parecidos con la melancolía, algo como una pena parecida al deseo.
¿Cuándo ocurrió? Aún no hemos conseguido discernir si fue a oscuras o en Verano, en cualquier caso no nos dimos ni cuenta de que nos enterábamos.
Pero por aquí nunca se quedan los milagros y las alas se revuelven incómodas si no las acarician.
No sé, por lo menos las vistas son bonitas. Esperando que vengan sin buscarnos y por fin nos encuentren.
Ruiz. B.
No sabía cómo empezar y empezó por decir algunas cosas. Esperamos sentir hacia algún sitio, una especie de falda de colores parecida a una tarta de manzana nos inspira emociones. ¡Y era tan complicado despertarlas detrás de la persiana de años!
No nos imaginábamos la historia, por una vez.
¿Qué pasa? Sin saber hacia dónde, cuándo como y por qué no me estoy dando prisa.
Era una especie de desazón sin parecidos con la melancolía, algo como una pena parecida al deseo.
¿Cuándo ocurrió? Aún no hemos conseguido discernir si fue a oscuras o en Verano, en cualquier caso no nos dimos ni cuenta de que nos enterábamos.
Pero por aquí nunca se quedan los milagros y las alas se revuelven incómodas si no las acarician.
No sé, por lo menos las vistas son bonitas. Esperando que vengan sin buscarnos y por fin nos encuentren.
Ruiz. B.
miércoles, 18 de septiembre de 2013
La mayoría de las cosas que recordamos jamás son como creemos que fueron.
Equivocamos las imágenes colocándolas donde nunca estuvieron, erramos la verdad sin dudar ni por un instante que estamos en lo cierto. Fallamos a menudo, generando rato a rato pruebas indiscutibles de la nada.
Así, todas las estaciones permanecen bajo las cosas tenues del Verano. Y un ala es ala y aire. Y los espacios son más esquinas, algo de curva crepuscular que jamás existió. Y los besos son siempre más que besos, más que saliva y carne.
Así, un muslo en el recuerdo es un muslo y una mano que sube. Y las flores son fuertes como si alguna vez lo hubieran sido. El tiempo es más elástico.
Y el amor, así, existe.
Ruiz. B.
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