jueves, 30 de mayo de 2013

El frío es lo que tiene.

Vamos a hacer como si no existiera.
Sin fecha (de caducidad).
Sin ganas.
Sin límite (de tiempo).

Ruiz. B.




miércoles, 22 de mayo de 2013

Mientras.

"Me sumerjo en tus labios como el ruido en el mundo."

 He olvidado los trazos de una voz, muy despacio, sin prisa.
Como se olvidan las cosas que se quieren.
En cambio, un ascensor helado ha empujado un vacío hacia el recuerdo.
Y ha caído sin fondo, sin marcar con cuidado cada límite, invadiendo la tarde.
Nada me queda ya bajo tu sombra.

En esta confusión de nombres que promete un latido,
gimiendo con cuidado a cada rato,
confluyen dos eclipses - aquí podría decirse que dos puertas abiertas. O que dos bocas.
Y reclinan los días sobre el cielo.
Mientras yo
me sumerjo en tus labios
como el ruido en el mundo.

Ruiz. B.






sábado, 18 de mayo de 2013

Las cosas esenciales.

"Las cosas esenciales instaladas fuera de la razón."

"Para escribir, piensa en una idea, sólo una frase. Y desarróllala." Eso fue lo que le dijeron y eso hizo.

Estaban en una calle pequeña, muy transitada, y el cielo estaba gris, y había viento. Era uno de estos días incómodos que invitan al recuerdo.
Pero no hicieron nada, se quedaron donde estaban, sentados y callados. Compartían solo un trazo de bufanda en las rodillas.

¿Qué hacemos con las cosas nuevas? Cualquier tipo de cosas, las entradas, las banales, los regalos, los tickets, las tarjetas que cogemos en los restaurantes que nos han gustado. Las metemos en cajas, las dejamos sobre la mesa al llegar, o en alguna estantería. Algunos no las dejan, se las llevan con ellos. Para siempre. Y algunos las olvidan, o las pierden de vista hasta quién sabe.

¿Cómo empieza el amor? Se resistía a creer que sólo lo que explota fuera cierto. Hacía un año, en ese mismo sitio, no habría podido creer otra cosa.

¿Por qué todas las formas de dependencia son iguales? Qué estaría buscando a través de ellas, y cómo no volverían a repetirse, y la duda quedó eclipsada por una especie de sonrisa. Esa de cuando decidió que no quería salvarse tan pronto, aún sin saber ni cómo ni por qué.

Había cambiado algo, al menos, y ahora le gustaba la improductividad y no le molestaban las cosas inestables, ni lo efímero de aquel abril que había pasado tan rápido.

Y cuando pensó qué nos cambia la vida, empezaba a llover. Y tuvieron que volver a casa.

Ruiz. B.