Te harán dar un paso y, después, otro, serás toda una experta en tirar adelante.
Con tanto tiempo, habrás encontrado un sitio agradable, o ya estarás un poco perezosa para buscar.
Recibirás trato de señora, o de yaya extraña que tiene acojonados a todos los niños de la vecindad.
Y serás un saco de dolores o serás una roca. Y los momentos de mirar atrás te harán gracia y te harán daño.
Y quizá no seré tu amigo, ni tendré nada que ver con si eres o no eres feliz.
Ya me veo de recuerdo medio triste que se te pasa por la cabeza una mala tarde.
Y quizá dormiré abrazadito a una mujer a la que casi no habré contado quien eres.
Quizá tengamos nietos malnacidos que se rían de mí cuando no me entere de las cosas.
Pero, cuando sea viejo, seguiré cantándote canciones, igual.
Caminaré lento y me sentaré, a veces, en los bancos.
Versito a versito convocaré tu cuerpo largo y blanco y me podrán ver sonreír un poco, por debajo de la nariz.
¡Que vengan los años! ¡Aquí me tiene la calma!
Que me juego con la decadencia de la carne que un rinconcito del comedor hará de escenario y que nadie sospechará de quien estoy hablando.
Y que, cuando sea viejo, seguiré cantándote canciones, igual. No sé si estaré para garantizarte una gran calidad...pero creeré en un versito y me distraeré intentándolo alargar, y me podrán ver sonreír un poco por debajo de la nariz,
y me podrán ver sonreír un poco por debajo de la nariz.
Manel