"Yo con mi vida frente a la vida de los otros."
Julio Cortázar
Escribir más allá del sentimiento. Procurar hablar de la sensación. Describir no el amor, sino sus calles, el matiz de la luz sobre los cuerpos.
Parece complejo al principio, descuidado, tosco y muy poco interesante. Pero, como para casi todo, hace falta esperar. Y el tiempo de la espera es el más llano.
Es un tiempo de calma cargada de paisajes, de prisa.
El tiempo de la espera es el más arduo. Se hace pesado, se curva de infinito, con señales de acaso y de quizá, y ni un solo asidero.
Pero es un tiempo único, breve en la realidad del tiempo para el mundo. Breve para los otros. Pequeño para todo y para todos.
Hace falta mirar con otros ojos.
El tiempo de la espera es el tiempo de hilar con manos hábiles los pedazos de cielo huidos, de alzar la vista, de explotar los rincones de "las últimas terrazas de la risa." Se permite volver, en este tiempo, a nacer de entre las ruinas. A la no-salvación. Al riesgo de vivir.
"En las cimas del beso, sin duda y sin mañana."
Pedro Salinas
martes, 11 de septiembre de 2012
jueves, 6 de septiembre de 2012
Deseo.
Deseo, deseo, deseo.
Tiempo que escapa, aves que vuelven tras viajes que duran
una semana rota y aplicada.
Deseo, deseo, deseo.
Musgo callado, húmeda fiebre detenida, densas las manos, las
bocas y las alas.
Deseo, deseo, deseo.
Esperar una tarde sin luna, una noche con sol y con estrellas.
Sabor de ángel, de lluvia y de promesa.
Sobre vientos, y versos, y palomas.
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