miércoles, 18 de septiembre de 2013

La mayoría de las cosas que recordamos jamás son como creemos que fueron.
Equivocamos las imágenes colocándolas donde nunca estuvieron, erramos la verdad sin dudar ni por un instante que estamos en lo cierto. Fallamos a menudo, generando rato a rato pruebas indiscutibles de la nada.

Así, todas las estaciones permanecen bajo las cosas tenues del Verano. Y un ala es ala y aire. Y los espacios son más esquinas, algo de curva crepuscular que jamás existió. Y los besos son siempre más que besos, más que saliva y carne. 

Así, un muslo en el recuerdo es un muslo y una mano que sube. Y las flores son fuertes como si alguna vez lo hubieran sido. El tiempo es más elástico. 

Y el amor, así, existe. 

Ruiz. B.


martes, 3 de septiembre de 2013

Lo mejor de estar solos.

Lo mejor de estar solos es que es gratis, como la desnudez ondeando implacable en un espejo.

Lo mejor de estar solos es que expande la libertad de cuando, por ejemplo, caminas sin cuidado, sin mirar a los lados a reclutar las cosas compartidas. De frente, de costado, de espaldas. Nadie que te persiga ni te siga, nadie a quien señalarle aquellas flores, ¡qué falda tan bonita!, ¿era esa, la primera calle que cortaba?

Lo mejor es también ese silencio denso de cuando no te esperan, el que buscas llenar de azucarillos, duchas templadas, cervezas y ballenas centenarias.

Lo mejor podría ser el hueco de palabras que no dices, y que guardas - y pierdes - para los que no están o los que llegan tarde.

Lo mejor de estar solos es
cuando no es verdad.

Ruiz. B.