Era deseo, pero era como un río. Fluía fuerte y oscuro enturbiando el paisaje de las calles. Grandes lenguas - el mundo - se alzaban hacia el cielo de las ambigüedades. Los tajos de la ausencia de carmín, de los labios cortados. Y nada les parece nunca suficiente a los que bogan colgados de sus cuerdas, y gimen.
La inspiración jamás ha sido sabia, ni oportuna. Y una mano no es jamás una mano, si acaso menos, a veces sólo carne desgarrada. Nunca de más. Y nunca sólo eso.
Todas las opiniones reservadas.
Nada que hablar.
De qué, si todas las barreras se apresuran a alzarse sobre los siglos, pariendo a cada paso cada vez. Y las notas, y el color de los tactos, no los recuerda nadie. Ya no es sólo el olvido el que rezuma, la distorsión empieza en tus pestañas de antes.
No vengas, no te llaman - ni aquí, ni allí.
Te espero.
Ruiz. B.
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