Hay tardes ovaladas. Se presentan ingrávidas de luz. Llegan como se van algunas cosas. Se conmueven de azul y manos breves. Tienen, a veces, la gravedad de un grito en medio de una iglesia, "ahora es el momento, de repente, alguien grita, y hay un muerto".
Hay tardes con la forma de un tarro de cristal, con jardines que tiemblan por la frente, miradores del peso de una flor que aún no existe. Germinando entre rocas, calles quietas, sombras de par en par, algunos bancos.
Hay personas que nunca tienen prisa. La ternura del cielo desplomado se abisma en las cinturas. Los hombros, como blancos estigmas de las guerras, acarician encuentros de saliva.
Hay miradas que quiebran estructuras.
Hay bocas donde el vuelo es la máxima rebelión de las horas. Existen de verdad. Yo las he visto.
Ruiz. B.
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