Hay tardes ovaladas. Se presentan ingrávidas de luz. Llegan como se van algunas cosas. Se conmueven de azul y manos breves. Tienen, a veces, la gravedad de un grito en medio de una iglesia, "ahora es el momento, de repente, alguien grita, y hay un muerto".
Hay tardes con la forma de un tarro de cristal, con jardines que tiemblan por la frente, miradores del peso de una flor que aún no existe. Germinando entre rocas, calles quietas, sombras de par en par, algunos bancos.
Hay personas que nunca tienen prisa. La ternura del cielo desplomado se abisma en las cinturas. Los hombros, como blancos estigmas de las guerras, acarician encuentros de saliva.
Hay miradas que quiebran estructuras.
Hay bocas donde el vuelo es la máxima rebelión de las horas. Existen de verdad. Yo las he visto.
Ruiz. B.
lunes, 10 de marzo de 2014
sábado, 7 de diciembre de 2013
Era deseo, pero era como un río. Fluía fuerte y oscuro enturbiando el paisaje de las calles. Grandes lenguas - el mundo - se alzaban hacia el cielo de las ambigüedades. Los tajos de la ausencia de carmín, de los labios cortados. Y nada les parece nunca suficiente a los que bogan colgados de sus cuerdas, y gimen.
La inspiración jamás ha sido sabia, ni oportuna. Y una mano no es jamás una mano, si acaso menos, a veces sólo carne desgarrada. Nunca de más. Y nunca sólo eso.
Todas las opiniones reservadas.
Nada que hablar.
De qué, si todas las barreras se apresuran a alzarse sobre los siglos, pariendo a cada paso cada vez. Y las notas, y el color de los tactos, no los recuerda nadie. Ya no es sólo el olvido el que rezuma, la distorsión empieza en tus pestañas de antes.
No vengas, no te llaman - ni aquí, ni allí.
Te espero.
Ruiz. B.
La inspiración jamás ha sido sabia, ni oportuna. Y una mano no es jamás una mano, si acaso menos, a veces sólo carne desgarrada. Nunca de más. Y nunca sólo eso.
Todas las opiniones reservadas.
Nada que hablar.
De qué, si todas las barreras se apresuran a alzarse sobre los siglos, pariendo a cada paso cada vez. Y las notas, y el color de los tactos, no los recuerda nadie. Ya no es sólo el olvido el que rezuma, la distorsión empieza en tus pestañas de antes.
No vengas, no te llaman - ni aquí, ni allí.
Te espero.
Ruiz. B.
sábado, 23 de noviembre de 2013
Cambiar el "tú".
Al principio siempre parece imposible. Después tal vez podría, ay, parece factible, pero claro, no sé. Y por último, siempre es necesario.
Cuando decimos "tú" a la nada, hay que cambiarlo. "Tú" y se va por el aire, se va a no llegar nunca a ningún sitio firme. "Tú" y se nos hace eco cuando flota, invadiendo de nadie la ya de por sí nada.
Si se dice "tú" a solas, hay que cambiarlo.
Si se dice "tú" en frío, con la boca pequeña y agarrando el vacío, hay que cambiarlo.
Cuando se dice "tú", hay que decirlo con los ojos llenos de las cosas inmensas, esas cosas que sí son importantes porque puedes tocarlas, por las que están aquí. Con el brillo naranja o azul de algunas manos, con alegría y miel, el ombligo desnudo y el mundo muy arriba, donde no pueda vernos.
Cuando se dice "tú" hay que decirlo bien, despacio, trazo a trazo y en presente.
Y si se dice contra las paredes, con ruido de cristales y jirones suaves, mejor que no se diga. Porque se desperdicia todo el rato: el "tú" de las ausencias ya no importa. Ya no, cuesta aprender, pero es lo cierto que ningún hueco ha hablado nunca solo. "Las cosas que se van no vuelven nunca, todo el mundo lo sabe".
Cambiar por yo, por té, por tarta o por paseo. Da igual, pero cambiarlo.
"Tú" para nada ya, y mejor así.
Ruiz. B.
Cuando decimos "tú" a la nada, hay que cambiarlo. "Tú" y se va por el aire, se va a no llegar nunca a ningún sitio firme. "Tú" y se nos hace eco cuando flota, invadiendo de nadie la ya de por sí nada.
Si se dice "tú" a solas, hay que cambiarlo.
Si se dice "tú" en frío, con la boca pequeña y agarrando el vacío, hay que cambiarlo.
Cuando se dice "tú", hay que decirlo con los ojos llenos de las cosas inmensas, esas cosas que sí son importantes porque puedes tocarlas, por las que están aquí. Con el brillo naranja o azul de algunas manos, con alegría y miel, el ombligo desnudo y el mundo muy arriba, donde no pueda vernos.
Cuando se dice "tú" hay que decirlo bien, despacio, trazo a trazo y en presente.
Y si se dice contra las paredes, con ruido de cristales y jirones suaves, mejor que no se diga. Porque se desperdicia todo el rato: el "tú" de las ausencias ya no importa. Ya no, cuesta aprender, pero es lo cierto que ningún hueco ha hablado nunca solo. "Las cosas que se van no vuelven nunca, todo el mundo lo sabe".
Cambiar por yo, por té, por tarta o por paseo. Da igual, pero cambiarlo.
"Tú" para nada ya, y mejor así.
Ruiz. B.
viernes, 22 de noviembre de 2013
"Viajar no sólo es ausentarse, es dejar prueba de dicha ausencia, del cambio que sufre aquél que se mueve de lugar."
No sabía cómo empezar y empezó por decir algunas cosas. Esperamos sentir hacia algún sitio, una especie de falda de colores parecida a una tarta de manzana nos inspira emociones. ¡Y era tan complicado despertarlas detrás de la persiana de años!
No nos imaginábamos la historia, por una vez.
¿Qué pasa? Sin saber hacia dónde, cuándo como y por qué no me estoy dando prisa.
Era una especie de desazón sin parecidos con la melancolía, algo como una pena parecida al deseo.
¿Cuándo ocurrió? Aún no hemos conseguido discernir si fue a oscuras o en Verano, en cualquier caso no nos dimos ni cuenta de que nos enterábamos.
Pero por aquí nunca se quedan los milagros y las alas se revuelven incómodas si no las acarician.
No sé, por lo menos las vistas son bonitas. Esperando que vengan sin buscarnos y por fin nos encuentren.
Ruiz. B.
No sabía cómo empezar y empezó por decir algunas cosas. Esperamos sentir hacia algún sitio, una especie de falda de colores parecida a una tarta de manzana nos inspira emociones. ¡Y era tan complicado despertarlas detrás de la persiana de años!
No nos imaginábamos la historia, por una vez.
¿Qué pasa? Sin saber hacia dónde, cuándo como y por qué no me estoy dando prisa.
Era una especie de desazón sin parecidos con la melancolía, algo como una pena parecida al deseo.
¿Cuándo ocurrió? Aún no hemos conseguido discernir si fue a oscuras o en Verano, en cualquier caso no nos dimos ni cuenta de que nos enterábamos.
Pero por aquí nunca se quedan los milagros y las alas se revuelven incómodas si no las acarician.
No sé, por lo menos las vistas son bonitas. Esperando que vengan sin buscarnos y por fin nos encuentren.
Ruiz. B.
miércoles, 18 de septiembre de 2013
La mayoría de las cosas que recordamos jamás son como creemos que fueron.
Equivocamos las imágenes colocándolas donde nunca estuvieron, erramos la verdad sin dudar ni por un instante que estamos en lo cierto. Fallamos a menudo, generando rato a rato pruebas indiscutibles de la nada.
Así, todas las estaciones permanecen bajo las cosas tenues del Verano. Y un ala es ala y aire. Y los espacios son más esquinas, algo de curva crepuscular que jamás existió. Y los besos son siempre más que besos, más que saliva y carne.
Así, un muslo en el recuerdo es un muslo y una mano que sube. Y las flores son fuertes como si alguna vez lo hubieran sido. El tiempo es más elástico.
Y el amor, así, existe.
Ruiz. B.
martes, 3 de septiembre de 2013
Lo mejor de estar solos.
Lo mejor de estar solos es que es gratis, como la desnudez ondeando implacable en un espejo.
Lo mejor de estar solos es que expande la libertad de cuando, por ejemplo, caminas sin cuidado, sin mirar a los lados a reclutar las cosas compartidas. De frente, de costado, de espaldas. Nadie que te persiga ni te siga, nadie a quien señalarle aquellas flores, ¡qué falda tan bonita!, ¿era esa, la primera calle que cortaba?
Lo mejor es también ese silencio denso de cuando no te esperan, el que buscas llenar de azucarillos, duchas templadas, cervezas y ballenas centenarias.
Lo mejor podría ser el hueco de palabras que no dices, y que guardas - y pierdes - para los que no están o los que llegan tarde.
Lo mejor de estar solos es
cuando no es verdad.
Ruiz. B.
Lo mejor de estar solos es que expande la libertad de cuando, por ejemplo, caminas sin cuidado, sin mirar a los lados a reclutar las cosas compartidas. De frente, de costado, de espaldas. Nadie que te persiga ni te siga, nadie a quien señalarle aquellas flores, ¡qué falda tan bonita!, ¿era esa, la primera calle que cortaba?
Lo mejor es también ese silencio denso de cuando no te esperan, el que buscas llenar de azucarillos, duchas templadas, cervezas y ballenas centenarias.
Lo mejor podría ser el hueco de palabras que no dices, y que guardas - y pierdes - para los que no están o los que llegan tarde.
Lo mejor de estar solos es
cuando no es verdad.
Ruiz. B.
viernes, 28 de junio de 2013
En fin, que nos vamos.
"Poco se habla de cuando la incertidumbre es mejor que la certeza."
En fin, que nos vamos. A casi todas partes. A ningún lado, qué más da. Nos estamos yendo constantemente porque quedarnos nos da incluso más vértigo que el que sentimos cuando estamos a punto de partir. A punto de volvernos a mirar hacia donde ya nadie nos espera.
Nos estamos yendo constantemente, porque no sabemos vivir de otra manera. Porque quedarse implica consecuencias y porque irse silencia réplicas y súplicas. Porque emprende caminos y agarra a la aventura de la mano. Y nos vamos con ella, donde ella descanse, donde proponga ella, donde diga "me quedo aquí". Nos quedamos, un rato, un par de soles quietos, cinco tardes de arena, diez cervezas, tres líneas más arriba.
Y pronto nos cansamos, retorcemos las manos, poco a poco apartamos la mirada de la piel blanquecina de su vientre bajo la luz del día. La miramos callados, con miedo a la respuesta.
Entonces ella, segura, sin miedo del olvido, apartando con cada parpadeo los incómodos hilos del recuerdo, nos devuelve la mirada con sus ojos inmensos. "Vive", no pasa nada, "vete, ya nos veremos". Sonríe, pone cara de cierta, despoja de las dudas labio a labio. Y se vuelve a brillar bajo esa tarde de la que ya no nos sentimos parte. Cada vez más inquietos, recogemos las alas. Caminamos despacio. Nos giramos para ver si aún nos mira sin rastro de sorpresa.
Y, al volver con la mano alzada a despedir su encanto, ya no está. Se instala peso a peso en el fondo del alma una voluta inquieta, que tiene un suave tono de huracán.
Y partimos entonces, volviendo a cada rato a mirar confirmando que no hemos visto nada. Inseguros de irnos, pero a la vez amargos y contentos, inquietos de volvernos, a estar solos.
Llegamos suavemente a cada rato al mismo punto del que ayer partimos.
Ruiz. B.
En fin, que nos vamos. A casi todas partes. A ningún lado, qué más da. Nos estamos yendo constantemente porque quedarnos nos da incluso más vértigo que el que sentimos cuando estamos a punto de partir. A punto de volvernos a mirar hacia donde ya nadie nos espera.
Nos estamos yendo constantemente, porque no sabemos vivir de otra manera. Porque quedarse implica consecuencias y porque irse silencia réplicas y súplicas. Porque emprende caminos y agarra a la aventura de la mano. Y nos vamos con ella, donde ella descanse, donde proponga ella, donde diga "me quedo aquí". Nos quedamos, un rato, un par de soles quietos, cinco tardes de arena, diez cervezas, tres líneas más arriba.
Y pronto nos cansamos, retorcemos las manos, poco a poco apartamos la mirada de la piel blanquecina de su vientre bajo la luz del día. La miramos callados, con miedo a la respuesta.
Entonces ella, segura, sin miedo del olvido, apartando con cada parpadeo los incómodos hilos del recuerdo, nos devuelve la mirada con sus ojos inmensos. "Vive", no pasa nada, "vete, ya nos veremos". Sonríe, pone cara de cierta, despoja de las dudas labio a labio. Y se vuelve a brillar bajo esa tarde de la que ya no nos sentimos parte. Cada vez más inquietos, recogemos las alas. Caminamos despacio. Nos giramos para ver si aún nos mira sin rastro de sorpresa.
Y, al volver con la mano alzada a despedir su encanto, ya no está. Se instala peso a peso en el fondo del alma una voluta inquieta, que tiene un suave tono de huracán.
Y partimos entonces, volviendo a cada rato a mirar confirmando que no hemos visto nada. Inseguros de irnos, pero a la vez amargos y contentos, inquietos de volvernos, a estar solos.
Llegamos suavemente a cada rato al mismo punto del que ayer partimos.
Ruiz. B.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
