viernes, 28 de junio de 2013

En fin, que nos vamos.

"Poco se habla de cuando la incertidumbre es mejor que la certeza."

En fin, que nos vamos. A casi todas partes. A ningún lado, qué más da. Nos estamos yendo constantemente porque quedarnos nos da incluso más vértigo que el que sentimos cuando estamos a punto de partir. A punto de volvernos a mirar hacia donde ya nadie nos espera.

Nos estamos yendo constantemente, porque no sabemos vivir de otra manera. Porque quedarse implica consecuencias y porque irse silencia réplicas y súplicas. Porque emprende caminos y agarra a la aventura de la mano. Y nos vamos con ella, donde ella descanse, donde proponga ella, donde diga "me quedo aquí". Nos quedamos, un rato, un par de soles quietos, cinco tardes de arena, diez cervezas, tres líneas más arriba.

Y pronto nos cansamos, retorcemos las manos, poco a poco apartamos la mirada de la piel blanquecina de su vientre bajo la luz del día. La miramos callados, con miedo a la respuesta.

Entonces ella, segura, sin miedo del olvido, apartando con cada parpadeo los incómodos hilos del recuerdo, nos devuelve la mirada con sus ojos inmensos. "Vive", no pasa nada, "vete, ya nos veremos". Sonríe, pone cara de cierta, despoja de las dudas labio a labio. Y se vuelve a brillar bajo esa tarde de la que ya no nos sentimos parte. Cada vez más inquietos, recogemos las alas. Caminamos despacio. Nos giramos para ver si aún nos mira sin rastro de sorpresa.

Y, al volver con la mano alzada a despedir su encanto, ya no está. Se instala peso a peso en el fondo del alma una voluta inquieta, que tiene un suave tono de huracán.

Y partimos entonces, volviendo a cada rato a mirar confirmando que no hemos visto nada. Inseguros de irnos, pero a la vez amargos y contentos, inquietos de volvernos, a estar solos.

Llegamos suavemente a cada rato al mismo punto del que ayer partimos.

Ruiz. B. 


jueves, 13 de junio de 2013

Aún es Primavera.

"Te ayudaré a venir si vienes y a no venir si no vienes."

A veces, es de noche
y la ciudad queda bastante lejos.

Se puede descubrir entonces, otra vez,
que una de las mejores
cosas que tienen las historias
es el final.


martes, 4 de junio de 2013

Junio.

"Surgías entre cálidas ruinas del estío como un ave feliz, 
y los jazmines espesaban su sombra, blanca y fría.
Pero un rumor secreto de guitarras deshojaba la última rosa de la noche 
y el desnudo jinete desdeñoso, por las murallas verdes del acanto, 
segaba con la cruel sonrisa de su espada el nocturno azahar y la melancolía."

Pablo García Baena

Esperamos volver a donde jamás fuimos.
No nos va mal, sabemos
empujar los gemidos hasta el límite que nos marca la piel.

En los pasos hacia cualquier primavera extravasada, por encima del tiempo que marca los abismos sobre algún calendario con años de retraso, vivimos lentamente, a pulso de café y sabor a música.

Hay una confusión de luces, este invierno, los jueves por la tarde, el llanto cuando empiezan las historias. Y la lluvia.
De luz.
Octubre, abril.
De Mayo detenido.

Ruiz. B.

jueves, 30 de mayo de 2013

El frío es lo que tiene.

Vamos a hacer como si no existiera.
Sin fecha (de caducidad).
Sin ganas.
Sin límite (de tiempo).

Ruiz. B.




miércoles, 22 de mayo de 2013

Mientras.

"Me sumerjo en tus labios como el ruido en el mundo."

 He olvidado los trazos de una voz, muy despacio, sin prisa.
Como se olvidan las cosas que se quieren.
En cambio, un ascensor helado ha empujado un vacío hacia el recuerdo.
Y ha caído sin fondo, sin marcar con cuidado cada límite, invadiendo la tarde.
Nada me queda ya bajo tu sombra.

En esta confusión de nombres que promete un latido,
gimiendo con cuidado a cada rato,
confluyen dos eclipses - aquí podría decirse que dos puertas abiertas. O que dos bocas.
Y reclinan los días sobre el cielo.
Mientras yo
me sumerjo en tus labios
como el ruido en el mundo.

Ruiz. B.






sábado, 18 de mayo de 2013

Las cosas esenciales.

"Las cosas esenciales instaladas fuera de la razón."

"Para escribir, piensa en una idea, sólo una frase. Y desarróllala." Eso fue lo que le dijeron y eso hizo.

Estaban en una calle pequeña, muy transitada, y el cielo estaba gris, y había viento. Era uno de estos días incómodos que invitan al recuerdo.
Pero no hicieron nada, se quedaron donde estaban, sentados y callados. Compartían solo un trazo de bufanda en las rodillas.

¿Qué hacemos con las cosas nuevas? Cualquier tipo de cosas, las entradas, las banales, los regalos, los tickets, las tarjetas que cogemos en los restaurantes que nos han gustado. Las metemos en cajas, las dejamos sobre la mesa al llegar, o en alguna estantería. Algunos no las dejan, se las llevan con ellos. Para siempre. Y algunos las olvidan, o las pierden de vista hasta quién sabe.

¿Cómo empieza el amor? Se resistía a creer que sólo lo que explota fuera cierto. Hacía un año, en ese mismo sitio, no habría podido creer otra cosa.

¿Por qué todas las formas de dependencia son iguales? Qué estaría buscando a través de ellas, y cómo no volverían a repetirse, y la duda quedó eclipsada por una especie de sonrisa. Esa de cuando decidió que no quería salvarse tan pronto, aún sin saber ni cómo ni por qué.

Había cambiado algo, al menos, y ahora le gustaba la improductividad y no le molestaban las cosas inestables, ni lo efímero de aquel abril que había pasado tan rápido.

Y cuando pensó qué nos cambia la vida, empezaba a llover. Y tuvieron que volver a casa.

Ruiz. B. 

viernes, 7 de diciembre de 2012

Sin límites.


-          La carne es triste cuando está muerta. Pero la carne nueva, la carne palpitante es la alegría de vivir. Yo no estoy triste, ¡estoy desesperado! Por la traición a mi carne, a mi sangre…a todo lo que es mi cuerpo, y mi alma.
-          Por favor, Federico…háblame sin rodeos y no en verso.
-          Nunca se dice la verdad…mas que en verso. En verso desnudo, como la verdad.
-          ¡No existe esa clase de amor que tú buscas! Eso que tú quieres, de la manera más difícil, sólo se encuentra en una mujer.
-          Yo nunca he conocido mujer…oh, sí. Las mujeres me buscan, están a gusto conmigo…hasta se enamoran de mi. Pero yo no he conocido mujer.
-          Eso sí que no me lo creo, aunque me hagas un juramento gitano por los vivos y por los muertos.
-          Yo no soy gitano, no. Soy andaluz, del reino de Granada. Y no he conocido mujer.
-          ¿Y me quieres decir que un hombre como tú, ávido y curioso de todo, se ha privado de una mitad del género humano?
-      ¿No te has privado tú de la otra mitad? Si es verdad lo que dices, es que tú eres tan anormal como yo. Que lo soy, en efecto, porque sólo he conocido hombres. Ah, y sabes que el marica me da risa. Me divierte con su prurito mujeril de lavar, planchar, coser, pintarse, vestirse con faldas, hablar con gestos y ademanes afeminados. Pero no me gusta. Tu idea de conocer solo a la mujer no es la normalidad. Ni la mía tampoco. Lo normal es el amor sin límites. En el paraíso se necesitaría una verdadera revolución. Una nueva moral. La moral de la libertad absoluta. Y esa es la que buscaba el viejo hermoso Walt Whitman...